martes, 11 de noviembre de 2008

Mezzanotte** (2da mitad del 2007)


No quiero mirar, es demasiado tarde,
¿o demasiado temprano?
Es media noche.
La luna se asoma y se encara a mi ventana
y me mira, me espía, mientras finjo dormir.

Intento crear en mi cabeza un sueño
en el cual descansar,
pero en mi cabeza sólo encuentro tu imagen
y prefiero pensarte, soñarte despierta, conciente.
Y entre más lo pienso sé que descanso a tu lado.

En apariencia**** (2ªmitad del 2007)


Pareciera que la distancia es la unión
entre una ilusión conocida y una realidad ajena.
Pretendo no mirarte cuando sé que debo hacerlo
y es sólo porque tengo miedo.
"¿A qué?" Créeme, no eres el único que se lo pregunta.
Yo no conozco del todo la respuesta
aunque sé que es un tanto incierta, tal vez ilógica,
un tanto confusa, como yo, como suelo serlo.
Punto y aparte, esa es otra historia…

¿Tanta extrañeza es tan bien conocida?
Ligera, voy volando, lívida,
todo es a raíz de lo mismo, sinónimos uno del otro.
Así somos, ambos temerosos,
temblamos sin saber por qué…
Y se queda todo en suspenso, esperamos.
"¿Qué esperamos?" No sé bien, tal vez algo incierto
o quizás algo seguro y conexo,
pero descubrir que esperamos es como descubrir a que tememos.

Pareciera que me estoy perdiendo
entre un mar de caricias y un ventarrón de besos;
no te detienes, no me detengo; no me detienes, no te detengo.
Aún tiemblo, me haces temblar.
Aún tengo miedo, “¿a qué?”, preguntas de nuevo,
eso aún no lo sé, pero lo voy conociendo.
Es un tanto difuso por algún error del pasado,
mas que error se llamaría desbordamiento ingrato,
estupidez pasada que me encaminó hacia la presente madurez.

¿Tanta locura es de vez en vez amiga coherente?
Somos a veces tan caprichosos, otras tan consecuentes,
pero siempre debemos ser complemento de otros,
otros un tanto disímiles, un tanto compatibles,
pero siempre un tanto que es un poco.
Y 'poco' a veces es nada y otras es suficiente,
unas más es simplemente poco…
¿Qué esperamos? Esperamos la eternidad,
al menos eso creo, la eternidad del instante medido en segundos.

Pareciera que ahora ya resolvimos el problema.
No era tan grande el miedo
pues sé que estarás mucho tiempo junto a mí,
el tiempo que tengas que estar, no menos, no más.
Un segundo, una vida, la eternidad;
esa eternidad que esperamos,
mas no sabemos cuánto puede durar.
El miedo a perderte ya no está,
lo que esperamos llega cuando estamos juntos.

¿Tanta ironía puede albergar la lógica más exacta?
Pareciera que sí,
y que todo tuviera respuesta,
pero ya no hay dudas,
ni miedos, ni espera eterna.
Pero sólo cuando estás junto a mí…

Y**** (2ª mitad del 2007)




Y moriré en el intento si pienso desistir
incluso antes de haber comenzado.
Porque me he deshecho del miedo, mas la duda,
infame acosadora de la conciencia,
sigue perseverante al asecho de un descuido
en mis pensamientos ciegos,
en el latir de mi corazón al descubierto.

Y miré una vez más al cielo, como cada noche.
La luna no estaba llena, pero estaba ahí,
ocupando un lugar en el manto oscuro,
techo de la casa de la posibilidad total.
Luna, farol de los amantes,
cómplice de los infames;
infames adoradores de los sueños, de lo prohibido
y de la noche como lo soy yo.

Seguiré viva si me sujeto fuerte a tu anhelo,
a tu imagen y a tu presencia difusa
encerrada en mí mente cuando estás ausente;
justo cuando tu presencia corpórea
se encuentra a varios kilómetros
más al norte, más al este, más al oeste o más al sur.
No importa dónde sea que estés,
cuando cierro mis ojos conmigo siempre estás tú.

Diáfana, sencilla, a veces un tanto superflua
cuando llega la duda y dudo de mí,
pero siempre fiel a lo que soy:
un ser que surgió de la imaginación
de otro un tanto superior.
Y ahora vago buscando mi felicidad
justo dentro de mí, pero en todas partes a la vez.
Acribillada algunas veces y acribillando unas menos.
Pero siempre constante para no desubicarme,
con el mismo paso sin importar dónde ando.

Y una vez más me detengo ante ti
y sonrío, y respiro, y vivo.
Añadiendo “y” a tantas acciones, y sólo
por el simple hecho de que todas
parten de un principio por mi parte deducible.
Y (una vez más) encaro mi rostro al espejo.
Y (otra vez) miro dentro de mis ojos ese reflejo,
de mi reflejo que no es mío sino tuyo.
Tu silueta mentirosa, porque no es enteramente tuya,
es más mía porque es producto de lo que imagino,
de lo que quiero, incluso de lo que soy.

Y (de nuevo) después de dar vueltas
por la encrucijada de mi cabeza
me topo con pared, con lo que me desconcierta,
pero a la vez me alerta y me eleva aun más
y me aterriza con suavidad.
Y (como la mayoría de las veces) abro la puerta
y estás ahí, entero, presente, real, de pie,
sonriendo como sólo tú sabes, mirándome,
mirándome como sólo tú puedes.
Y (ya es costumbre) la luna llega, la duda se va.
Yo me aferro a tu cuello y no hay nadie más.
Ya no soy sólo yo, ahora somos dos vueltos uno
y esa es mi felicidad descubierta dentro de mi oscura razón.

La capacidad** (2007)


Me llegó el momento de pensar,
de pasar de largo los topes
arriesgando mil golpes, mil errores.

Me llegó el momento de actuar,
de correr sin importar que me griten ¡alto!
Las barreras se van quebrando y las que no
las voy saltando.

Es un curso de obstáculos eterno,
una encrucijada tras otra,
la capacidad de decidir
de qué manera quiero vivir.

Desgarrándome*** (1ª mitad del 2007)


Se va desgarrando la piel de mi cuerpo,
llagas de hace tiempo,
heridas profundas que llegan más allá,
llegan hasta el alma
y son más difíciles de curar.

Y sanar cuesta trabajo,
poco a poco me voy destrozando,
me voy desgarrando.
Me vuelvo presa en mi propio deshecho,
me vuelvo loca,
en pedazos vuelo lejos.

Y llego hasta el mar,
mar de mi sangre derramada
por mi lento y constante resquebrajamiento.
Respiro y vivo.
Suspiro y muero.

Me desgarro lento, muy lento,
lo sabes, sólo es cuestión de tiempo.
Verás mis huesos, verás mi alma,
y pronto se irá mi memoria.
Soy como un cristal fácil de romper,
me he quebrado y no hay nada que hacer.

Me siento demente,
no siento nada,
El dolor ya es mi íntimo amigo,
hasta me complace,
se vuelve mi aliado y me deshace.

Cuento la piel que ya se ha ido.
Parezco un rompecabezas incompleto,
pedazos de papel color carne están en el piso.
El sufrimiento del alma se tornó corpóreo,
¿o el dolor corpóreo le llegó al alma?
No sé que afirmé primero, dudo, ya no lo sé…

Mi cerebro piensa poco,
mi corazón razona apasionadamente,
a veces cálido, otras frío,
y yo misma me desgarro a veces
tratando de llegar al fondo de mis sentimientos.

Y duele, y es masoquista,
soy masoquista.
Me genero dolor para sacar otro dolor
y es un círculo vicioso,
un callejón sin salida
porque también mi alma se vuelve trizas.

Y recuerdo que también lloro
porque la destrucción es parcial.
También se escapa mi conciencia.
Flagelarme para olvidar es mi forma de pecar,
por eso sigo desgarrándome.

Hazlo tú** (2ª mitad del 2007)



Aliméntame una vez más,
Llena de nuevo mi cuenco con agua,
Sacia mis ganas de sentir, de amar.

Cumple con tus promesas,
Cuéntame cuentos,
Enséñame a olvidar.

Pon de lado todo lo malo
Y revive lo que te hizo vibrar,
Revíveme a mí.

Ayúdame a respirar,
Dame acilo, reposo en tu piel,
Recuérdame quién eres para hacerme sentir bien.

Edúcame a tu manera,
Ámame como quieras,
Pero hazlo tú.

Piérdeme**** (2da. mitad del 2007)


Piérdeme,
pídeme vida,
róbame sangre,
devórame por partes.

Quiero descubrir el ingenio,
dejar atrás todo lo ingenuo,
descubrir el secreto ajeno,
llenarte con mis deseos,
drenarte hasta en los más profundos sueños.

En plena oscuridad,
ocultos de la visibilidad,
llevando hasta el extremo cualquier anhelo
colmados de ansias y de secretos.

Piérdeme,
pídeme vida,
róbame el aliento,
aleja mis absurdos miedos.

Descansa a mi lado
entre el fulgor de las sábanas.
Quiero curar tus alas,
ángel mío, ángel de la nada.

Y cuando aparezca el alba
veremos juntos un nuevo cielo
lleno de misterios
aún mayores de los que ya conocemos.

Piérdeme,
pídeme la vida.
Suma mi cuerpo al tuyo,
llévate mi alma...